Ayuda para la Oración

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Jesús es el Modelo y el Maestro por excelencia en la Oración (Cfr. Mt 6, 6; Mc 1, 35; 6, 46; Lc 5, 15; 6, 12; 9, 18; Jn 17, 1-26). El Nuevo Testamento nos muestra también la maravillosa experiencia de la Iglesia primitiva (Hch 2, 42; Rom 12, 12; Ef 5, 19-20; 6, 18; Col 4, 6; 1Tes 5, 17; Sant 5, 16).

Ciertamente no hay un método exacto para la oración personal; ya que por eso es “personal” y; es el Espíritu el que quiere guiar nuestro encuentro con Dios. Por otro lado, no son pocas las veces que hemos escuchado cosas hermosas sobre la oración; pero ¿cómo empezar?

Si estás comenzando y aún te sientes inseguro, esta pequeña guía te podría ayudar. Pero recuerda, es el Espíritu Santo quien quiere y ha de guiar tu oración…

  1. Podemos comenzar poniéndonos en la Presencia del Señor y de nuestra Madre la Virgen Santísima, pidiéndole a Ella que se coloque junto a nosotros, nos acompañe, nos abrace y cubra con su manto; que Ella –la llena del Espíritu Santo- nos enseñe a orar con su mismo amor. A este respecto, podríamos ofrecerle-regalarle una corona de rosas meditando el tercer Misterio Glorioso u otro Misterio del Rosario. Coloquemos TODO dentro de su Inmaculado Corazón renovando nuestra Consagración a Ella[1].
  2. Luego podemos implorar con “fuerza” la Protección de la Sangre Preciosa de Cristo-Jesús. Pedir que esa Sangre y Agua que brotaron del Sacratísimo Corazón de Cristo –desde aquella tarde del Viernes Santo-, se derramen sobre nosotros lavándonos, purificándonos y dándonos su protección contra los ataques del “Mal”, etc. Comunión con el Cielo. Dios ha querido que entre el Cielo y la Tierra se establezca una comunión íntima. Los Ángeles, Arcángeles y todos los Santos (as) del Cielo, Dios nos los presenta para que les conozcamos y seamos sus amigos. Una ejemplo de esto y que te puede ayudar son las “Oraciones Victoriosas”.
  3. También es importante pedir la LIBERACIÓN de todo mal; y lo podemos hacer en el Nombre de Cristo Jesús, por el poder de su Sangre Preciosa, por la fuerza de su Espíritu; por el poder de María Santísima; atando al final de cada liberación al espíritu (flojera para orar; rutina; cansancio; angustia; perturbación; depresión; distracción; opresión; desánimo; temor; orgullo; soberbia; vanidad; debilidad (física o espiritual); miedo; razonamientos humanos; duda; tibieza; rencor; autosuficiencia; infidelidad al Señor; poder mental; etc.) y, pidiendo al Señor que por manos de su Madre llene el vacío que ha dejado ese “espíritu” con su mismo Espíritu Santo.
  4. Luego podemos pedir la Efusión, la Guía, la Luz y la Unción del Espíritu Santo.
  5. Para luego entrar en Alabanza-Adoración-Postración.
  6. Entrar en Contemplación para disfrutar de su Presencia y escuchar su voz.
  7. Meditar algún pasaje de la Escritura.
  8. Interceder por la Iglesia, las inspiradas, las encomendadas, etc.
  9. Acción de Gracias al Señor por este momento, por su amor, etc.

Aunque no se ha mencionado el rezo del Santo Rosario, cabe señalar que forma parte importante en la Oración diaria. Lo más recomendado es que éste se realice en la intimidad personal, pero también en familia y en comunidad. Es la Catequesis que nos da la Virgen a través de la Meditación-Contemplación de los Misterios de la Vida de Nuestro Señor. En esta oración tan sencilla podemos consagrar al Corazón Inmaculado de María los acontecimientos, personas, intenciones, etc.

Y qué decir de la EUCARISTÍA (la alabanza y acción de gracias por excelencia); en ella, se renueva el Misterio de nuestra redención. La participación diaria en ella es un “DON” excelentísimo de Dios.

TAMBIÉN PUEDES FIJARTE EN LAS ASAMBLEAS DE ORACIÓN, Y AYUDARTE ASÍ PARA TENER UNA GUÍA EN CUANTO A LA ORACIÓN.

[1] Si aún no te has Consagrado al Corazón Inmaculado de María, te recomiendo lo hagas.
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