“El Servidor” – Necesidad de crecimiento, necesidad de formación (II parte) – Pbro. Reinaldo Gámez

encrucijadaContinuando con la reflexión anterior referida a la necesidad de una formación sólida, ciertamente hemos destacado la importancia del “Encuentro con el Señor”. Ahora bien, una vez tenido ese encuentro y estando así caminando con el Señor puede sucedernos que el Espíritu Santo nos va llevando a “remar mar adentro”, y pudiera Él mismo sugerirnos la pregunta sobre una entrega más generosa y más profunda. Es esta una pregunta que quiere conducirnos a darnos con mayor generosidad, a dar un paso más… Ante esto, la única manera de conocer la respuesta es iniciando un proceso de discernimiento; proceso que dependiendo la llamada, puede ser corto o muy corto; o puede ser un tanto más largo en cuanto a tiempo se refiere. Un proceso que incluso pueda que deba contar con la ayuda de alguien de mayor experiencia; y que por supuesto ha de contar con la oración como manifestación espontánea de nuestra relación con el Señor y como manifestación de que reconocemos nuestras propias limitaciones e incapacidades y de que necesitamos contar con su ayuda y auxilio.

Al momento de entrar en este período de discernimiento pudiera ayudarnos el tener presente algunos puntos básicos que sólo mencionaré, puesto que cada uno llevaría incluso varios artículos, pero que mencionarlos nos pueden ayudar a situarnos correctamente en la respuesta que hemos de dar y cómo la hemos de dar, y así empezar a construir sabiendo que es posible terminar (Cfr. Lc 14, 25-33).

  • En primer lugar estaría la búsqueda -al menos mediana- de la santidad. Creo que este punto es el verdaderamente esencial y donde nos lo jugamos todo; y esto se manifiesta por el deseo y se concretiza en nuestra relación con el Señor a través de una vida de oración y de caminar (literalmente) en “Su Presencia”.
  • Por supuesto otro punto importante lo es la buena voluntad que podamos tener de responder. Pero esto ya es sabido que no es suficiente…
  • Se ha de considerar el tema de la salud física, de la cual habría que dedicar una reflexión especial; y de la salud psicológica tanto en lo moral como en lo sobrenatural -que también requeriría un apartado especial-; aunque sin una buena formación y sin un acompañamiento adecuado esto no siempre es posible conocerlo. Hablo aquí de un sano equilibrio psicológico. Este es un punto relacionado con la madurez humana, la cual se manifiesta -entre otras cosas-, en no andar buscando simplemente posiciones o puestos para destacar o aparecer por simple ambición; sino que por el contrario, una persona madura se manifiesta a la hora de prestar algún servicio, como una persona desinteresada, capaz de dominar su impulsos y pasiones, que sabe asumir sus responsabilidades y es capaz de juzgar y decidir con sensatez.

Ahondando un poco más respecto, quisiera simplemente mencionar otros puntos que acompañan la madurez como por ejemplo: la autoridad (firmeza/suavidad); el equilibrio entre el servicio y las obligaciones del hogar (justo medio); el deseo de crecer, de capacitarse (disposición a la formación permanente); la capacidad de dialogar con todos así como de admitir sugerencias; la capacidad de dejarse corregir y de enseñar -corrigiendo fraternalmente al hermano-, no buscando simplemente quedar bien con los demás o exhibirse, etc…

  • Así mismo es importante examinar sinceramente cómo está nuestra entrega al Señor y cómo está nuestra actitud de conversión continua, fruto de la relación personal e íntima con el Señor.
  • También es importante considerar el sano optimismo y la fortaleza necesaria para afrontar las dificultades por venir; pero por sobretodo, contar con la providencia del Señor que es quien nos llama…

Claro está que si la vivencia de la experiencia con el Señor es auténtica, esta lleva a un testimonio favorable y edificante no solo en la comunidad eclesial, sino que este testimonio se extiende a la casa, y al trabajo. Estos son sólo algunos puntos a destacar. Los traigo a colación puesto que en nuestro caminar con el Señor, podemos sentirnos llamados a prestar algún servicio en nuestra comunidad y hemos de considerar algunos elementos que nos ayuden a prestar un servicio que de la mayor gloria a Dios posible. No obstante quien ha de iniciar este proceso de discernimiento, ha de estar sujeto al discernimiento de los que han sido puesto y acreditados por el Señor como responsables (Cfr. Sugiero leer las dos Cartas a los Corintios del Apóstol San Pablo).

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