El Carisma del don de Lenguas

Dove flyingSe trata de una experiencia tan íntima y singular que muchos la atribuyen de locura. Los que la experimentan suelen exaltarla sin medida, y los que gozan de ella reconociendo su valor en el cambio de sus vidas,reconocen este don como el menor de los carismas.

La Renovación Carismática no tiene el propósito de que todos los cristianos oren en lenguas, pero si quiere llamar la atención a abrirnos a los dones del Espíritu Santo, entre ellos el don de lenguas, e invitar a las iglesias locales a que se beneficien de ellos, estos dones pertenecen a la vida normal de la iglesia y no mirarlos como insólitos y extraordinarios.

Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo; diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo; diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios que obra todo en todos. A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común. Porque a uno se le da por el Espíritu palabra de Sabiduría; a otro, Palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, Fe, en el mismo Espíritu; a otro, carisma de Curaciones, en el único Espíritu; a otro, poder de Milagros; a otro, Profecía; a otro Discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro, Don de interpretarlas.Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según su voluntad ( 1 Co. 12, 4-11).

Y de igual manera, el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos como pedir para orar como conviene, mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. (Rom. 8,26).

Según admitimos el don de lenguas aprendemos a hablar con Dios. El que habla en lengua no habla a los hombres sino a Dios. En efecto nadie le entiende: dice en espíritu cosas misteriosas.

El que habla en lengua se edifica a sí mismo ( 1 Co. 14, 2-4). Da gracias a Dios por poder hacerlo ( 1 Co. 14, 18), y prohíbe que se impida a los demás ( 1 Co. 14, 39).

Para San Pablo el don de lenguas es un don de oración personal. Y lo prescribe como uno de los elementos de la reunión. Deseo que habléis todos en lenguas; prefiero sin embargo que profeticéis. Pues el que profetiza supera al que habla en lenguas, a no se que también interprete. (1 Co. 14, 5)

Si el Señor, Dios de orden y no de confusión, es quién lo da, igual que los otros carismas, ya se ve que San Pablo no lo cree un vulgar desequilibrio patológico.

Muchas veces oímos decir: Oro en lenguas, oro con el espíritu, mi espíritu ora, realmente expresan lo mismo, y es injusto limitar el don de lenguas solo a la alabanza a la acción de gracias o la salmodia, también sirve para la petición o intercesión.

Para San Pablo si la oración en lenguas va acompañada de la debida interpretación, ese don potenciará la vida de la comunidad.

Si no media el carisma de la interpretación, el mismo que así ora no entiende lo que dice: “el que habla en lenguas, pida el don de interpretar. Porque si oro en lenguas, mi espíritu ora, pero mi mente queda sin fruto.

Porque sino bendices mas que con el espíritu, ¿Cómo dirá amén a tu acción de gracias el que ocupa el lugar del no iniciado, pues no sabe lo que dices? Cierto tu acción de gracias es excelente, pero el otro no se edifica. Doy gracias a Dios porque hablo en lenguas más que todos vosotros; pero en la asamblea prefiero decir cinco palabras con mi mente, que diez mil en lenguas (1Co. 14, 14-19)

Aquí San Pablo nos advierte: si en la asamblea todos hablan y entran no iniciados infieles, ¿no dirán que estáis locos? (1 Co 14,23)

Todo esto nos recuerda lo que pensaron los espectadores el día de Pentecostés, y que mereció la aclaración de San Pedro: “No están borrachos como vosotros pensáis, pues son las nueve de la mañana, sino que es lo que dijo el profeta: En los últimos días derramaré mi Espíritu sobre toda la humanidad “(Hch 2, 15-17).

Varias veces San Pablo hace alusión de la embriaguez con vino, invitando en sus cartas a llenarse del Espíritu Santo con salmos, himnos y cánticos inspirados, cantando y salmodiando al Señor, para evitar confusión con la embriaguez espiritual.

Según San Pablo esta embriaguez mística no hace perder el dominio de nuestros actos y por eso da normas sobre su ejercicio y propone este orden: “Cuando os reunís, cada cual puede tener un salmo, una instrucción, una revelación, un discurso en lengua, una interpretación: pero todo sea para edificación. Si alguien habla en lengua, que hablen dos o tres y por turno y que haya un intérprete. Si no hay quién interprete guárdese silencio en la asamblea; háblese consigo mismo y con Dios (1 Co. 14, 26-27).

La embriaguez espiritual es tan agradable que ciertos principiantes podrían abusar de ella, abandonando la meditación y el examen. Su formación doctrinal y la corrección de sus defectos quedarían descuidados. Por eso es importante asistir a otras formas de lectura bíblica y oración que de solidez a la vida espiritual.

Generalmente es bueno comenzar con oración en entendimiento, antes de levantar vuelo a una oración en espíritu. “Oraré con el espíritu, pero oraré también con la mente. Cantaré salmos con el espíritu, pero también los cantaré con la mente” (1 Co 14,15).

Mirando bien, la frase “oraré con el espíritu pero oraré también con la mente”, muestra que el valor de la primera cuando se hace bien, no tiene discusión, solo que San Pablo quiere salvar también la segunda.

Hay un peligro muy específico que puede ocurrir.

Puede ser que uno esté repitiendo sonidos inarticulados como un mero desahogo emocional, igual que alguien podría estar tatareando una música distraídamente. En ese caso se llegaría al grado extremo de que, aunque quizás fuese oración, el fruto para el alma sería casi nulo. También en este sentido vale, pues, la exhortación de san Pablo: “El que habla en lengua ore para que se le conceda interpretación, porque, oro en lengua, mi espíritu ora pero mi mente se queda sin fruto” (1 Co 14,13s).

Cuando se recibe por primera vez este don suele experimentarse un impacto emocional para el que uno no estaba preparado, su reacción puede ser muy efusiva. Como si hubieras recibido una noticia muy grande

Por lo tanto estamos en una forma de oración en espíritu, mas profunda, más emocional, más estática o más sobrenatural que la ordinaria.

Hablar en lenguas, orar en lenguas, orar en espíritu, bendecir con el espíritu, supone un lenguaje no conceptual, ni preciso que procede del consciente profundo, de donde pueden surgir valiosos sentimientos de bendición y acción de gracias, aunque el entendimiento propio se quede sin fruto y el de los demás no sepa que se ha dicho. Por eso, este modo de hablar se puede comparar con los sonidos confusos de un instrumento musical tocado libremente.

Es posible hablar en lenguas en muy distintos niveles de concentración o de gracia mística. El grado de éxtasis, la santidad del individuo, las disposiciones del alma, la diversidad de sentimientos, etc. dan una enorme variedad a esta práctica.

En las dos principales listas de dones no dicen lenguas a secas sino diversidad de lenguas,( 1 Co, 12. 10, 28), como anticipando las numerosas diferencias que existen.

Unas veces se tratará de balbuceos, gemidos, gritos. Otras veces de música o canto. Otras de un hablar fluido y abundante. Encontraremos otro amplio campo de diversificación cuando descubramos que a más de servir para alabar, dar gracias o interceder, la glosolalia(hablar lenguas) puede servir a otros carismas: profetizar, curar enfermos, expulsar demonios, etc.

Ahora nos basta caer en la cuenta de una distinción: lenguas devocionales privadas que edifican al que habla consigo mismo y con Dios (1 Co. 14, 4. 16-19. 28) y lenguas públicas, ordenadas mas directamente al bien de la comunidad y que por lo común exigen interpretación.

Para Pablo el don de lenguas es un don de oración, a nivel más profundo que la oración vocal o discursiva. Por lo tanto si uno repite sonidos raros pero no está orando, o esta orando solo a nivel reflexivo, racional, no ejercita el don sobrenatural del cual hablamos.

La oración en lenguas brota como un desborde del amor. San Pablo después de asentar que la caridad edifica (1 Co. 8,1) afirma: “el que habla en lenguas se edifica” (1 Co. 14,4). Por el contrario, “aunque hablase las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe(1 Co. 13,1). Por lo tanto, si no hay amor ni oración, podrá haber el fenómeno psicológico de la glosolalia, pero no el carisma como tal.

Para aceptar la novedad de la vida que embriaga al hombre de Dios, debemos, como nos dice el Señor, estar preparados a hacernos niños (Mt 18,3) Pablo pide a los sabios que se hagan necios para hacerse realmente sabios (1 Co. 3,18).

“De la boca de los niños de pecho has sacado una alabanza” (Sal 8,3). “Lo necio del mundo se lo escogió Dios para humillar a los sabios y lo débil de mundo se lo escogió Dios para humillar a los fuertes” (1 Co. 1,27). Escogió la alabanza de niños y recién nacidos para “confundir al enemigo”

Cuando el infante comienza a hablar, con pocos sonidos monosilábicos logra expresar sus emociones, ¡Que lindo es oír dialogar una mamá con su bebito¡Ella se abaja a ese lenguaje en que se mezclan los vagidos, las risas y los primeros balbuceos; haciéndose niña se comunica, llena de gozo, sin necesidad de un lenguaje racional.

-ajoo….ábubaba, ábubaba. ¿Nanina? ¡nini ninini,ninini!. ¡Ajoo! y el pequeño agitando sus bracitos, le contesta: -Da…dadá…. ¡Shiii!

También cuando uno recibe el don de lenguas puede parecer un bebé. Por lo común comienza con unas pocassílabas que repite infinidad de veces. Más adelante quizás ira notando que su lenguaje se vuelve más variado y más fluido. Así el principiante, dejándose llevar por el Maestro interior, practica aquello de “Si no cambiáis y nos hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los cielos. (Mt. 18,3).

En este sentido, la oración en lenguas es un “balbuceo”. A algunos filósofos les resulta chocante que san Pablo llame “hablar en lenguas” a un balbuceo. Ya hemos visto que “lengua” no significa siempre un idioma con todas las reglas de la gramática.

Aunque la gente no entienda esos vagidos inefables que el Espíritu Santo nos hace expresar, el que escudriña los corazones, nuestro Padre del Cielo, si las comprende.

Sin embargo, como los corintios abusaban de este balbuceo infantil, el apóstol dice con un poco de ironía. “cuando era un niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé todas las cosas de niño” (1 Co. 13,11).

Para que se creciera en ese don espiritual con proyecto propio y de los oyentes, así como el niñito debe de pasar de su lenguaje emocional a otro mejor comprendido, les dice san Pablo:”“Si no dan distintamente los sonidos, ¿cómo se conocerá lo que toca la flauta o la cítara?. Y si la trompeta no da sino un sonido confuso, ¿quién se preparará para la batalla? Así también vosotros mediante la lengua: si no dais palabra inteligible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Es como si hablarais al viento. Hay en el mundo no se cuantas variedad de palabras, seré un bárbaro para el que me habla y el un bárbaro para mí. Así, pues, ya que aspiráis a los dones espirituales, procurad abundar en ellos para la edificación de la asamblea. Por eso, el que habla en lenguas, pida el don de interpretación. Porque si oro en lenguas, mi espíritu ora pero mi mente queda sin fruto” (1 Co. 14, 7-14).

El que ora en lenguas no ora a los hombres sino a Dios. En efecto: nadie lo entiende: en espíritu (o por el Espíritu) dice cosas misteriosas. (1 Co. 14.2). Este es uno de los muchos casos en que no puede definirse con certeza si “espíritu” se refiere a nuestra alma o a la Persona Divina; pero no importa mucho, porque según se está diciendo actúan juntas.

Aunque no podamos precisar los límites, porque el Espíritu y nuestro espíritu pronuncian el mismo Abbá (Rm 8,15; Ga 4,6), no podemos negar ninguno de los dos. Y para descubrirlos no necesitamos una revelación: basta el discernimiento de espíritus.

El poder de Dios se manifiesta en las lenguas al humillar la razón humana de “una manera más notable que con el simple acto de fe. Ante el misterio, nos hace retroceder el nivel conceptual para llegar al nivel del espíritu y alabar como bebitos con una perfecta alabanza.

El don de lenguas no es más que reconocer nuestra incapacidad para alabar y bendecir a Dios, y este no se entiende sin la base de la humildad, que es el reconocimiento de nuestra incapacidad para dirigirnos a Dios. Por eso el orgullo no lo acepta y se burla de Él”

El padre Carrillo Alday, biblista de fama internacional dice: El Espíritu mismo intercede con instancias por nosotros con gemidos inefables, inenarrables, inexpresables, a saber, que no pueden ser traducidos en palabras humanas, porque no corresponden a ideas claras del orden natural.

Dios Padre, si conoce, cual es el deseo, el gusto, la aspiración del Espíritu que está dentro de nosotros. Y esos deseos, ¡gemidos implorantes del Espíritu!, son conformes con los designios Divinos. Por tanto, la oración del Espíritu, que siempre pide lo que Dios quiere, es ciertamente eficaz y plenamente escuchada”

El Cardenal Suenens recalca:

Esta forma de oración no discursiva, expresión preconceptual de una oración espontánea, está al alcance de quién quiera ejercitarla, quedando ella siempre bajo control. Se trata de una expresión verbal cuyo entramado no responde a una estructura lingüística.

El padre Bover, ilustre biblista, no pudo comprender a fondo este fenómeno que todavía no había comenzado entre católicos, tuvo una acertada intuición cuando dijo: “Las expresiones Abba, Marána thá, conservadas en las epístolas paulinas, parecen ser restos o vestigios de la glosolalia. (hablar lenguas).

La oración en lenguas como en otros actos religiosos, en lugar de decir que opera nuestro inconsciente, es mejor decir que opera nuestro supraconsciente.

CANTO DE ESPIRITU

Cuando muchos están cantando en espíritu, suele haber una armonía celestial, una melodía dulcísima, que parece dirigida por el Espíritu Santo ya que de suyo los asistentes no se preocupan por la materialidadde sus modelaciones sino por exhalar su amor y alabanza.

El Padre José Alfaro Sch. P. la primera vez que oyó cantar en lenguas en una reunión de Buenos Aires, la encontró tan armoniosa que le sirvió de inspiración para el último movimiento de una cantata que compuso poco después.

Hay veces que el Espíritu Santo inspira de una manera misteriosa a todo el grupo para que cante al unísono. En lugar de la horrible cacofonía que cabría esperar (como sucede en el caso de los integrantes de una orquesta que se pone a ensayar al mismo tiempo en un salón) tiene lugar una armonía jamás escuchada a un coro de voces humanas. Y esto no solo ocurre en grupos pequeños, ocurre en grupos que se reúnen centenares y nunca han estado juntos, a veces es como un ritmo pulsante parecido al de las olas. Al aproximarse a su término, la melodía va bajando de tono, hasta que de pronto se finaliza en forma brusca y al unísono, como si un director invisible hubiese dado la orden. Cuando menos en dos ocasiones, músicos competentes han expresado su admiración ante esa música carismática, uno de ellos, catedrático de música en un colegio de Toronto, manifestó: ¡Según todas las reglas de la música, esto es imposible!

Para recibir los carismas y en este caso el de lenguas no hace falta ser un santo, podemos encontrar personas menos santas que pueden tener más carisma que otra. Hasta en pecado mortal puede una persona hablar en lenguas, profetizar, hacer milagros. (1 Co 13,1-3). Si no tengo caridad ¡Nada!

En la mentalidad popular se asocia mucho los carismas con las virtudes, pero por lo común la virtud y madurez es una buena garantía de los carismas.

Pero si que el poder santificador se da especialmente en las lenguas, que edifican al mismo que las usa porque son un especial modo de orar y hablar con Dios.

En si el don de lenguas no exige aptitudes excepcionales, a pesar que se llama carisma extraordinario, pero si exige la aptitud de desprenderse del mecanismo reflexivo y razonador. Eso explica suficientemente porqué algunos no reciben lenguas hasta después de ciertas prácticas que les ayudan a desbloquearse.

Los grupos que no usan los carismas extraordinarios, decaen como grupos carismáticos, y quedan simplemente como grupos devocionales.

La oración en lenguas es compatible con los más altos grados de la vida mística. San Juan de la Cruz alude a lenguas en la cumbre de su Cántico Espiritual: en una de las últimas estrofas re refiere al cantar de “la dulce Filomena” o ruiseñor. Comenta que el Señor le expresa una música especial y el alma le corresponde con un canto que es como anticipo del canto del cielo. También alude a eso cuando dice:

“Era cosa tan secreta que me quedé balbuceando, toda ciencia trascendiendo”.

La experiencia mística del don de lenguas es expresada por un alma que ejercitando la vida carismática escaló también los grados de la unión.

“Las palabras no bastan, son pobres, miserables. Y el Espíritu socorre la debilidad. Son sus gemidos, Gloriosos desatinos. El suspira, balbucea en mí el idioma nuevo sólo para el esposo. Déjame así expresar con palabras…¿Palabras? No, sólo balbuceos: mi lenguaje nupcial. Déjame sin aros ni collares. No quiero adornos… Todo es inútil ya. Anhelo y gimo por el despojo, ¡llegar a lo esencial!

DESEO SOBRENATURAL

A veces se oye la pregunta: ¿tendré realmente el carisma de lenguas o me lo estoy inventando yo? ¿Qué otros carismas tengo?, la misma dificultad pueden tener los que pastorean.

La respuesta está en los signos carismáticos; muchas veces el primer signo es un deseo sobrenatural, o sea una vocación que a veces puede llegar a conciencia de un llamado.

Cuando Dios quiere darnos algo, suele empezar por vaciar el vaso que llenará después.

No basta tener deseo sino que el deseo sea como corresponde, si lo hago para satisfacer mis pasiones eso no es un signo de verdadero carisma sino más bien de poderes diabólicos.

En la Renovación caben muchos de esos, porque el hecho de que uno tenga carismas no quiere decir que sea perfecto, pero aquí se trata de no solo tener carismas sino de usarlos bien.

En todo caso se tratará de cumplir la pauta de san Pedro: “si alguno habla, sean palabras de Dios, si alguno ejercita un ministerio, hágalo en virtud del poder que brinda Dios, para que Dios sea glorificado en todo por Jesucristo”. (1P 4, 11)

BENEFICIOS DEL DON DE LENGUAS

  • Crecimiento espiritual, con oración profunda.
  • Conocimientos de lenguas, ( algunos pueden conocer hasta varias lenguas, aunque normalmente el que recibe la lengua siempre recibe la misma).
  • Predisposición a conocer y practicar el resto de carismas.
  • Unidad en el grupo, en amor y admiración por las gracias que Dios concede.
  • Amar más a Dios con un deseo grande de alabarlo en el don adquirido.
  • Deseo ardiente de trasmitir este don.

PELIGROS DEL DON DE LENGUAS

El don de lenguas tiene sus peligros, peligro de lo patético (agitar el ánimo), invadiendo lo espiritual como ocurrió con el paganismo griego invadiendo la fe cristiana.

Individualismo, Subjetivismo, exhibicionismo, desunión de la comunidad, sea por el fanatismo de querer imponer a todos esa operación de gracia, desorden en la reuniones, los excesos traen desórdenes, descuido de los no iniciados, prolongando la oración algunos principiantes pueden quedarse en ayunas.

REMEDIOS

  • Edificación, que lenguas como otros carismas sea para provecho y edificación,
  • Disciplina uno tiene que ser consciente de mantener su dominio
  • Interpretación el que habla en lenguas pida interpretar, en la asamblea se necesitan palabras inteligibles.
  • Discernimiento así como san Pablo nos pide discernimiento de espíritus, nos recomienda que también nosotros lo sigamos ejerciendo.

Esta enseñanza esta basada en el libro LENGUAS del Padre Alberto Ibáñez

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