Los Carismas en la Iglesia – “Discernimiento en el Espíritu”

venES_jmaPadre Manuel Prieto García SM

“..a otros, palabra discernimientos de espíritus” 1Cor. 12,10

El discernimiento de Espíritu es sin duda el carisma más importante; es como el guardián de los demás carismas.

El hombre en el caminar de todos los días se encuentra bajo el influjo de las fuerzas contrarias:

  • Las del Espíritu de Dios que tratan de llevarlo a la verdad.
  • El espíritu del mal que trata de apartarlo del camino, para llevarlo al error.

La Sagrada Escritura en este aspecto, nos hace una llamada constante. El espíritu del mal trata siempre de conseguir sus fines por medio del engaño. “..Cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro porque es mentiroso y padre de la mentira…” Jn.8,44b.

Pablo nos advierte que con frecuencia el espíritu del mal puede disfrazarse de ángel de luz. “ Y nada tiene de extraño; que el mismo Satanás se disfrace de ángel de Luz““1Co. 11,14

Discernir para ver si las inspiraciones vienen de Dios es, como vemos, una llamada que la misma Sagrada Escritura nos propone una y otra vez, como una forma de descubrir nuestra fragilidad y a la vez encauzar nuestra vida por los caminos del Espíritu de Dios.

Pablo habla del discernimiento de espíritus y lo coloca como un carisma, ya que veía necesario hacer distinciones en las cosas concretas, además no era cosa fácil poder distinguir entre los buenos y malos espíritus, que podrían hablar por boca de un inspirado.

Esta facultad de hacer distinciones en las cosas concretas, era apreciada como carisma en la Iglesia primitiva, donde se tenía conciencia que los espíritus malos eran tan peligrosos que podrían tratar de engañar intencionalmente a los cristianos.

Llama la atención en Pablo que emplee la forma plural. No se puede afirmar con certeza “qué clase de espíritu” es el que habla y obra. La experiencia nos dice que ni siquiera entre aquellos inspirados por el Espíritu Santo, es todo pura revelación del Espíritu. Junto a la inspiración se deslizan también en el hombre experiencias humanas. Muchas veces ni siquiera el inspirado puede distinguir con precisión lo que ha recibido del Espíritu, de lo que es propio de él.

A modo de definición

La palabra discernimiento viene del griego “diacrisis”. Significa distinguir entre cosas contrarias.

El discernimiento de Espíritu es un don sobrenatural que nos ayuda a determinar si las inspiraciones o impulsos que experimentamos, provienen de Dios, del demonio o de nuestra imaginación.

El discernimiento juzga el impulso que sentimos para actuar, con el fin de determinar el origen de esos impulsos.

En el comentario a la Biblia de Jerusalén, se nos dice que es “El don de determinar el origen de los fenómenos carismáticos: Dios, la naturaleza, el demonio”.

El carisma de discernimiento es como una luz súbita, es una iluminación que proviene del Espíritu y que es dada. Se suele llamar también conocimiento infuso por contraposición al conocimiento adquirido.

El conocimiento infuso, no pasa por los sentidos como los demás conocimientos, aquí es infundido directamente por el Espíritu Santo en la inteligencia. Esta iluminación o conocimiento infuso se refiere al origen y orientación, divina o no, de lo que pasa en una persona o en un grupo.

Este conocimiento infuso va acompañado por otro elemento: la certeza. Es una certeza absoluta, una evidencia interior de la que no se duda.

Podríamos hacer un intento de definición así:

El carisma de discernimiento es un conocimiento que infunde directamente el Espíritu Santo. Esta luz ilumina la inteligencia de tal modo que la voluntad no puede dudar del origen y de la finalidad, divina o no, de los pensamientos, impulsos, experiencias o acciones de una persona o un grupo .

Distinción

El discernimiento se ejerce en una doble dimensión: hacia uno mismo y hacia los demás.

Hacia uno mismo, cuando se ejerce sobre los propios actos de la vida privada. Este don, todos lo tenemos y surge en nosotros bajo la forma de inspiraciones ordinarias o bien bajo la forma de inspiraciones carismáticas.

Las inspiraciones ordinarias brotan en nosotros en forma muy similar a nuestras inclinaciones naturales. Son simplemente impulsos para hacer o dejar de hacer tal o cual cosa.

Las inspiraciones carismáticas son experimentadas como impulsos provenientes de fuera de nosotros. Estos impulsos pueden consistir en : visiones, palabras o ideas que surgen en uno, sin mediar ninguna causa especial.

Puede ser un impulso a hacer algo, hablar con una persona, quizás desconocida. En la práctica es difícil distinguir las inspiraciones ordinarias de las carismáticas.

Las inspiraciones carismáticas son poco frecuentes y más extraordinarias, pueden ser también, en algún caso, peligrosas ya que el espíritu del mal puede interferir en ellas.

Estas inspiraciones carismáticas pueden darse en casos especiales para llevar a cabo una misión del Señor. Es bueno afirmar que el Espíritu del Señor actúa en formar normal por las inspiraciones ordinarias. La perfección de la vida cristiana tiende a poder tener la capacidad de escuchar y ser dóciles al Espíritu en cada momento de la vida.

Esto no quita que en algún momento necesitemos del “Don del discernimiento” ante decisiones importantes que surgen en nuestra vida.

Hacia los demás. Este don sólo ciertas personas están llamadas a ejercitarlo. Se destaca en toda persona con responsabilidad pastoral. Ella está llamada a discernir quién habla o actúa bajo la inspiración del Espíritu Santo o si su actuación puede influir en la comunidad para el bien o para el mal.

Criterios de discernimiento

No es fácil establecer criterios que nos ayuden a descubrir si una inspiración viene o no de Dios. Muchos santos pasaron por períodos de grandes dudas acerca de lo que el Señor les pedía.

Para poder clarificar mejor este apartado, trataré de hacer una doble distinción de criterios.

Criterios Objetivos

Los Cristianos tenemos claro un marco de referencia siempre constante.

  • La Palabra de Dios, que nos viene del Señor y de su Iglesia .
  • Los deberes y responsabilidades propios del estado de vida . Si una inspiración fuese contraria a estas enseñanzas nos estaría indicando que no proviene de Dios.
  • La tradición común dada y mantenida por la Iglesia a través de los años tiene el peso de autoridad.
  • La prontitud para obedecer a la autoridad legítima, siempre que esté en conformidad con la voluntad de Dios .
  • La opinión de la comunidad a partir de los efectos que esto produce en ella.
  • El discernimiento pastoral, que así como lo hacía San Pablo, ejerce la autoridad de la comunidad desde fuera.

Criterios Subjetivos

  • La paz, cuando nos movemos de acuerdo a la voluntad de Dios, se experimenta una profunda paz en el corazón. La paz es como la resultante de un orden, de estar en conformidad con el Plan de Dios.
  • El amor. Todo lo que proviene de Dios está impulsado por el amor. Todo lo que hacemos debemos verlo bajo el ámbito del amor.
  • El gozo. Lo experimentamos cuando hemos tomado decisiones que creemos eran la voluntad de Dios. Este gozo no se contradice con el sufrimiento que en algún momento trae, por tomar tal opción.
  • La humildad es la virtud que mejor nos acerca al Señor, para que El pueda hacer su obra en nosotros. Toda inspiración que nos haga más humildes, que nos invite a ser más sencillos, a desaparecer delante de los demás, podemos decir con cierta seguridad que viene de Dios.
  • Tener un conocimiento profundo de uno mismo, ayuda a descubrir si tal o cual inspiración es del Señor o proviene de nuestro temperamento o forma de ser.

Para el Padre Carlos Aldunate, todos estos criterios de discernimiento deben estar acompañados por cuatro disposiciones.

  1. La conformidad con la voluntad de Dios.
  2. Vivir en un estado de recogimiento. En la agitación el alma no puede percibir la acción del Espíritu Santo. Vivir la presencia del Señor. Es el mejor medio para poder discernir la acción del Espíritu.
  3. Saber esperar los momentos del Señor.
  4. La oración constante predispone el corazón a la acción del Espíritu.

Conclusión

He intentado recoger la opinión de varios autores, haciendo una síntesis de lo que podríamos llamar “Discernimiento”. Todo esto no agota lo que es el Carisma.

Se suele vincular el don de discernimiento también, al don de profecía, así aparece en muchos textos de la Sagrada Escritura.

Hoy podemos afirmar que este don tiene una aplicación más amplia y más profunda y no se ciñe sólo a la profecía.

Es importante afirmar también que todo cristiano por medio del Espíritu, está capacitado para hacer una evaluación de personas, cosas, acontecimientos a la luz de Cristo, así como cualquier cristiano que conozca la Palabra de Dios, está capacitado para distinguir entre el bien y el mal.

El Carisma de discernimiento es más que todo esto y no debe confundirse con el juicio común a todos los hombres, para emitir ideas sobre las personas o hechos, en base a nuestra cultura.

No es el juicio o la opinión que formamos sobre la bondad o maldad de tal o cual persona, su vida…

No es tampoco una conclusión que hemos sacado, dictada por nuestra intuición o conocimiento psicológico.

El don de discernimiento es un don sobrenatural y gratuito, dado por el Espíritu Santo en circunstancias especiales, que nos capacita para saber si en una determinada persona o lugar, está Dios. Es una especie de instinto sobrenatural por medio del cual quien lo posee percibe intuitivamente el origen de los pensamientos y mociones. Este don nos abre los ojos a lo invisible.

Es una luz sobrenatural que nos muestra la causa última de ciertos fenómenos misteriosos humanamente inexplicables. No es pronunciar un juicio sobre ciertas manifestaciones externas, sino descubrir la causa de esas manifestaciones.

El mismo término “Discernimiento de Espíritus” nos lleva a preguntarnos qué debemos hacer con los espíritus, no con los hombres y sus conductas.

Este don salvaguarda los dones del Espíritu Santo de posibles adulteraciones y cambios.

En los grupos de oración es frecuente que se ejerza este don, para señalar en ciertos casos, lo que perturba el normal desenvolvimiento del encuentro. Como guardián de los verdaderos carismas, nos señala el verdadero o falso don de lenguas, el verdadero o falso don de profecía, las enfermedades cuyo origen es natural o que pudieran tener su origen en el espíritu del mal.

Falvo, hace un extenso análisis sobre el discernimiento de los espíritus y va señalando los posibles síntomas de la presencia del espíritu del mal. Señala el autor los lugares donde puede anidarse y causar trastornos morbosos, disturbios mentales, aberraciones morales y espirituales, adivinación, psicometría, opresión diabólica..

El don de discernimiento nos ayuda a clarificar lo que es de Dios de lo que pudiera ser del espíritu del mal.

Sin duda al comienzo de la Iglesia este don pudo tener suma importancia. Así sucedió en el episodio de Ananías y Safira, dada la carencia de experiencia de la Iglesia en esos momentos. Pronto la Iglesia trató de recuperarlo a propósito de la profecía, por la Didajé y el Pastor de Hermas, donde ya vimos que proporcionan normas concretas para distinguir los verdaderos y falsos profetas.

Considero que este don, el Señor lo sigue concediendo hoy, como lo ha concedido a lo largo de la historia de la Iglesia, es bueno recordar como ejemplo el caso del Cura de Ars.

El carisma de discernimiento es un don del Espíritu, quizás el menos estudiado dentro de los carismas. Son muy pocas las referencias que se encuentran en los tratados de vida espiritual. Este carisma supone siempre una santidad eminente y una sumisión filial a la autoridad de la Iglesia.

Si llegaran a faltar algunas de estas condiciones, el “carisma de discernimiento” podría caer bajo la sospecha de ser algo ilusorio.

Es importante resaltar también que nadie posee la infalibilidad de este carisma aún cuando se ejerza dentro de los parámetros antes mencionados, de santidad y de obediencia.

Con todo creo poder afirmar que el Señor enriquece con este don a muchas personas. Es necesario pedirlo, descubrilo y ejercitarlo.

No desecho aquí los dones naturales que el Señor ofrece para enriquecerse interiormente, dones que podría denominar de discreción, adquiridos por la experiencia y por las reglas tradicionales de discernimiento. Podría en muchos casos estar como en la base para recibir el carisma.

Cabría también hacer una referencia al carisma de discernimiento otorgado por el Señor a la jerarquía de la Iglesia. El Papa si se trata de la Iglesia universal, el Obispo recibiría el don de discernimiento que afectaría a su diócesis, el Párroco en lo que atañe a su parroquia…

En cuanto al juicio sobre su autenticidad y recto uso, como en todos los carismas, corresponde a la autoridad de la Iglesia. Así nos lo recuerda la Lumen Gentium en el Nro 12.

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