ORAR EN LENGUAS: UN MODO DE AMAR A DIOS

El don de lenguas es una oración del corazón

Robert Faricy, S.J. y Milette Estrada

Actualmente millones de personas han recibido el don de lenguas. Es el elemento más distintivo de la corriente carismática que se ha extendido por todo el mundo y ha alcanzado a cristianos de prácticamente todas las denominaciones. Las lenguas han estado presentes en nosotros desde la bajada del Espíritu Santo sobre los discípulos en Pentecostés, y han estado siempre presentes en la vida de la Iglesia.

Pero las lenguas son un don que muchas personas prefieren no recibir. Parece extraño, innecesario. A los que oran en lenguas les preguntan muchas veces: “¿Qué es eso?, ¿cómo se puede explicar?’, “¿De qué me serviría el orar en lenguas?.”

Aunque le llamamos un “lenguaje” de oración, no es un idioma real, ordinario. Expertos lingüistas han analizado miles de cintas grabadas de personas orando en lenguas y no han encontrado una estructura lingüística en lo que estaban diciendo o cantando. Les falta la estructura de un idioma, aún cuando suena como un idioma. Hay excepciones en esto; lo que está diciendo una persona orando en lenguas puede ser reconocible como un idioma, diferente de cualquiera de los que conoce esa persona. Pero como ella no sabe lo que está diciendo, el efecto es el mismo: las lenguas son un don de oración.

Encontramos útil el comparar las lenguas con la oración contemplativa, otra forma de oración no conceptual. Contemplación significa unión con Dios no conceptual, sin palabras. Es una unión a través del amor, una unión en la que adoramos, alabamos, amamos, o vamos a Dios sin palabras, ni pensamientos o ideas específicas. Podemos contemplar silenciosamente mirando al Señor, sabiendo que Él nos mira a nosotros con amor, misericordia y comprensión. Podemos decir el nombre de Jesús despacio en nuestros corazones, o podemos repetir algunas veces una frase como “Te amo, Jesús”.

Muchas personas contemplan silenciosamente en la misa, durante la elevación del cuerpo y sangre del Señor. También se quedan con el Señor después de la comunión, sin decir oraciones ni hacer peticiones, sino en un silencio interior profundo. Esto es contemplación silenciosa.

Del mismo modo, el don de lenguas, aunque es ruidoso, puede considerarse contemplativo. Cuando hablamos o cantamos en lenguas, las sílabas con las que oramos no forman palabras que representan pensamientos o ideas como sucede en los idiomas humanos. No representan un concepto determinado; no tienen un contenido específico que podamos comprender. Conocemos a Dios más con nuestros corazones que con nuestras cabezas. Nuestro conocimiento trasciende pensamientos y palabras.

Orar en lenguas nos ayuda a conocer al Señor de un modo que es distinto de simplemente conocer algo sobre Él. Puedo conocer sobre el Señor leyendo o estudiando, pero conocerle a Él es mucho más importante. Esta “contemplación ruidosa” extiende y profundiza nuestra capacidad de conocer y amar a Dios. Porque el don de lenguas es una forma de contemplación, sana nuestros espíritus como toda oración contemplativa. La contemplación nos permite entrar directamente a Dios. Es un conocimiento a través del amor. Este conocimiento del corazón alcanza y toca al Señor, como la mujer que alcanzó y tocó el borde de la túnica del Señor. Nos trae el poder curativo del Señor.

Cuando yo (Robert Farici) recibí el don de lenguas, comencé a practicar la oración en lenguas un poco cada día. Después del primer año, me di cuenta de que se habían dado algunas curaciones importantes, no sólo en mi vida espiritual, sino también en mi psicología. Me encontré con que no sólo pecaba menos, también era tentado menos. El Señor ha entretejido algunos aspectos de mi personalidad que estaban deshechos y me ha reunificado.

El uso del don de lenguas requiere de nosotros que abramos la boca y hablemos, pero nos quita el peso de tener que saber exactamente cómo orar en cada situación. Como escribe Pablo en Romanos 8, 26-27: “El Espíritu también viene en ayuda de nuestra debilidad, porque no sabemos orar como conviene; pero el mismo Espíritu intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. El que sondea nuestros corazones sabe lo que dice el Espíritu, porque el Espíritu intercede por los santos según el deseo de Dios”.

Usamos las lenguas no sólo en el ministerio de intercesión, sino también cuando oramos con alguien para pedir su sanación, por las intenciones de esa persona o para su liberación.

Maridos y mujeres pueden orar en lenguas uno por el otro, como uno de los medios de unir y fortalecer su matrimonio. Los padres pueden orar suavemente en lenguas sobre sus hijos mientras están dormidos, o también cuando están despiertos. Las mujeres embarazadas pueden orar así por sus hijos dentro de ellas. Tú puedes orar en lenguas silenciosamente mientras conduces o caminas.

Algunas veces podemos creer que hemos sobrepasado determinados dones espirituales. El don de lenguas es un buen ejemplo. Según maduramos en el Señor, notamos con frecuencia un cambio gradual en nuestra vida de oración, alejándose de la oración expresiva vocal hacia alguna forma de oración mental. Sin embargo, el don de lenguas no puede ser sobrepasado; es un don que crece con nosotros. No hay ninguna razón por la que los cristianos en cualquier etapa de crecimiento espiritual, no puedan orar y cantar al Señor en lenguas. Orar en lenguas es un don que es accesible a todos. Es dado por el Señor.

Los que tienen el don de lenguas deberían usarlo diariamente para crecer en su relación con el Señor. Aquellos que no tienen el don de lenguas deberían buscarlo a través de la oración de los hermanos o pidiéndolo al Señor ellos mismos.

Pidamos no rehusar nunca los regalos de amor que el Señor nos ofrece, para llevarnos a nosotros y a los demás más cerca de Él.

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