Todo grupo de oración debe aspirar a los carismas

pentecostes-espiritu-santo-y-fuegoLa Teología nos enseña que el carisma es la manifestación de una gracia sensible e inmerecida

Gracia sensible, es decir que pasa por la sensibilidad, que se vuelve visible, audible o tangible. Y de esta manera el Espíritu la concede según su voluntad.

Dios no le teme a los signos y a lo largo de la Biblia, da prueba de ello. La dimensión de los signos llevados a cabo por Jesús constituye uno de los grandes componentes de los relatos evangélicos (aunque no sea nunca su fin).

Debemos comprender más bien que los carismas representan lo que el Maligno trata de imitar más a menudo, para desacreditarlos o recuperarlos en su campo de acción. Dado que se relacionan con la dimensión sensible, puede imitarlos falsificándolos. Pero el Señor no se siente desarmado por ello y no renuncia a los signos divinos con el pretexto de la confusión. Muy por el contrario, a través del ejercicio adecuado de dichos signos carismáticos, al servicio de la Verdad, los falsos signos y sus autores podrán quedar confundidos.

Gracia inmerecida, equivale a afirmar que el carisma no depende de ninguna santidad personal. Es concedido en forma gratuita, no para coronar un mérito o para otorgar una etiqueta divina de calidad, sino para ser puesto al servicio de sus hermanos, según la gracia recibida.

Todo grupo de oración debe aspirar a los carismas y orar en ese sentido, mantenerse atento al Espíritu Santo quien nunca puede negarse.

Solicitar carismas no constituye en especial un signo de orgullo o de voluntad de poder, sino un deseo legítimo en favor del servicio del cuerpo comunitario. El hecho de ejercer un carisma puede, es verdad, canalizar cierto orgullo, pero puede también constituir un camino de humildad. Pues si bien los inicios resultan “exaltantes”, el beneficiario de dicho carisma no tarda en tomar conciencia de las exigencias espirituales de esa gracia.

Por lo tanto, el hecho de aspirar a los carismas no es algo que esté prohibido y ni siquiera resulta desaconsejable, 1Cor.14,1 porque forman parte de nuestra herencia espiritual, de los signos del Espíritu que estamos recibiendo.

Sin embargo, nunca son deudas de Dios con nosotros y uno no puede reclamarlos con un espíritu de reivindicación. El Espíritu los concede en su gran diversidad, a cada uno, según su elección y según lo que espera de nosotros la sabiduría divina para el bien de todos (no para el nuestro propio) y la edificación de la Iglesia.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en General. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s